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La complejidad del fenómeno de la seguridad en la actualidad nos impone un enorme desafío a gobernantes y ciudadanos, obligándonos a diseñar e instrumentar estrategias de intervención con mayores niveles de amplitud y profundidad.
En tal sentido, la “Seguridad Ciudadana” como método de abordaje de las cuestiones vinculadas a la seguridad, se presenta como un importante avance en la comprensión de uno de los fenómenos sociales más preocupantes de los últimos tiempos. La mirada integradora que propone esta nueva corriente de pensamiento facilita la incorporación de dimensiones de la seguridad no contempladas anteriormente y permite generar un ámbito propicio para el desarrollo de estrategias integrales de prevención de la violencia y el delito.
El modelo de Seguridad Ciudadana: definición y características
En los últimos años se ha logrado avanzar profundamente en la instalación del nuevo paradigma de Seguridad Ciudadana en distintos ámbitos de nuestra sociedad.
Actualmente muchos decisores políticos y ciudadanos reconocemos que la seguridad se ha convertido en una cuestión que sobrepasó la capacidad de actuación de las instituciones tradicionales y que es necesario lograr un amplio compromiso ciudadano en la lucha contra la delincuencia.
Sin embargo, quienes no comparten esta nueva mirada del fenómeno de la inseguridad consideran que la misma sigue siendo exclusiva responsabilidad de los Estados Nacionales y Provinciales y que involucrar a los gobiernos locales y a la sociedad civil en las políticas de seguridad implica una incorrecta delegación de responsabilidades políticas e institucionales.
La divergencia de posturas ideológicas, políticas y conceptuales frente a la cuestión de la seguridad trae aparejada la necesidad de clarificar el modelo de acción que propone la Seguridad Ciudadana para el abordaje de la criminalidad y la violencia en ámbitos locales.
En primer lugar debemos establecer algún acuerdo o consenso básico sobre la noción de seguridad. En tal sentido, podemos afirmar que la seguridad consiste en la competencia (obligación y responsabilidad) de las instituciones públicas para establecer, mantener y restaurar un estado de convivencia y derecho.
Sin embargo, también podemos sostener que la seguridad se vincula con los con los niveles de protección del individuo y sus bienes y que comprende el desarrollo del ciudadano en su comunidad, la capacidad de ejercer sus derechos, individuales, sociales y económicos y el grado de garantía estatal para el ejercicio de tales derechos.
Ambas definiciones, la primera en sentido restrictivo y la segunda en términos más amplios, no son contradictorias en sí mismas sino que ponen de manifiesto dos formas alternativas, y a la vez complementarias, de comprender un mismo fenómeno.
Para completar el concepto de seguridad que utilizaré en el presente trabajo quisiera agregar el derecho de la ciudadanía a participar en el proceso de producción de seguridad, es decir, en el diseño y gestión de las políticas de seguridad en su ciudad o barrio.
Esta nueva forma de comprender la cuestión de la seguridad, que amplía el concepto tradicional de responsabilidad estatal e involucra la participación comunitaria en la producción de seguridad, nos conduce inevitablemente a redefinir las formas de abordaje e intervención.
Un modelo de seguridad pública que refleje esta nueva concepción de la seguridad debe contemplar un abordaje local de la problemática, involucrar nuevos actores, orientar su accionar principalmente a la faz preventiva del fenómeno e incorporar las variables sociales y comunitarias en el análisis del mismo.
El rol de la participación ciudadana
La participación comunitaria se ha convertido en un elemento clave de las políticas de prevención de la violencia y el delito aportando una nueva mirada social y comunitaria de un fenómeno que ha sido el resultado de un profundo proceso de transformación social, económica y política a nivel mundial.
En primer término debemos mencionar que la participación ciudadana como componente intrínseco de las políticas de prevención de la violencia y el delito contribuye al fortalecimiento del tejido social generando sentido de pertenencia y apropiación sobre el territorio, cooperación y solidaridad entre sus habitantes y una mayor efectividad de las estrategias instrumentadas.
Este es uno de los principales resultados que podemos observar a la hora de analizar la eficacia y/o efectividad de la participación. El simple de hecho de contar con una red de contención y control social redunda en un notorio mejoramiento de las condiciones de seguridad de una sociedad y por ende de su calidad de vida.
Asimismo, el involucramiento de la comunidad en el diseño y gestión de las políticas de prevención garantiza que los resultados alcanzados perduren en el tiempo transformándose en patrones de conductas adquiridas y apropiadas por la comunidad participante. Podemos observar así que los cambios que se producen con la participación comunitaria son de mayor envergadura que aquellos que provienen únicamente de la esfera gubernamental o alguna instancia comunitaria de escasa representatividad.
Desafíos de cara al futuro: información, diagnóstico, localización y trabajo conjunto
Tradicionalmente, el problema de la inseguridad o de la criminalidad era una cuestión acotada desde distintos puntos de vista: la cantidad de delito, la complejidad de los mismos, los niveles de violencia, la cantidad de actores involucrados eran menores y, por ende, la cantidad de recetas o respuestas estatales frente a la delincuencia también era menor.
Sin embargo, en la actualidad el problema se ve agudizado en todas y cada una de las variables mencionadas y, para complejizar aún más el escenario sobre el cual trabajar, se incorporan variables de tipo social excluídas de los análisis tradicionales.
Este contexto requiere la generación de nuevas alianzas entre distintos actores sociales (gobiernos-en todas sus áreas y niveles-, las policías, la justicia, la academia y la comunidad) de forma tal de avanzar en la consolidación de un modelo alternativo de seguridad pública cuya fuerza radique en la prevención, la interinstitucionalidad y la participación.
En este sentido, la seguridad ciudadana ha permitido un importante avance en la materia pero ha traído consigo nuevos desafíos, sobre todo para los decisores políticos quienes se ven obligados a ampliar la gama de políticas y/o acciones que tradicionalmente se ponían en práctica para combatir la delincuencia.
Uno de estos desafíos consiste en poder identificar fuentes de información, instrumentos y metodologías de trabajo pertinentes y que puedan dar cuenta de las nuevas aristas de este viejo problema.
La obtención y manejo de información completa y pertinente nos permitirá poder delinear con mayor precisión los cursos de acción a seguir y contribuir a un mejor aprovechamiento de los recursos existentes.
Otra de las cuestiones a profundizar es lograr trabajar en forma coordinada con distintos actores sociales en un ámbito territorial acotado. De este modo, se podrán abordar las distintas causas que generan la inseguridad y reorientar recursos necesarios para el desarrollo de una clara política de prevención.
Algunas consideraciones finales
A lo largo de esta reflexión hemos analizando el rol y las responsabilidades de los distintos actores involucrados en la producción de la seguridad ciudadana.
Mencionamos cómo a partir de una ampliación del concepto de seguridad surge la necesidad de generar un nuevo modelo de gestión de la seguridad que complemente la tarea que venían desempeñando los actores tradicionales.
Los avances logrados en materia de seguridad ciudadana pueden ser comprendidos como la sinergia de dos sistemas de seguridad. El primero de ellos, más acotado y con participación exclusivamente estatal y el segundo, mucho más amplio, participativo y democrático que involucra a la comunidad en la producción de seguridad.
En este punto es necesario mencionar que la complementariedad de ambos modelos de seguridad sólo se da en la faz preventiva del fenómeno de la criminalidad, miéntras que la faz represiva del mismo sigue siendo responsabilidad exclusiva de las instituciones gubernamentales creadas a tal efecto.
El mayor desafío que debemos enfrentar en el futuro se vincula con la necesidad de fortalecer estos sistemas coexistentes de seguridad. Debemos tender a mejorar la calidad de las instituciones públicas encargadas de prevenir, reprimir y condenar el delito como así también fortalecer los ámbitos de participación ciudadana para la prevención de la violencia y el delito.
Si bien “la seguridad es una cuestión de todos”, sigue siendo una función indelegable del Estado y por tal motivo debemos propender al fortalecimiento de los organismos oficiales responsables de la gestión de laseguridad pública.
Para ello, se deben diseñar políticas gubernamentales tendientes a:
- Mejorar los registros oficiales de información existentes y transparentar la metodología utilizada para la confección de los mismos. Para ello se debe fomentar la realización de trabajos de investigación en forma conjunta con universidades, centros de estudios, etc.
La utilización de fuentes de información confiables y fidedignas permitirán no sólo el diseño y ejecución de programas de atención focalizada sino que, a su vez, posibilitará legitimar la políticas implementadas al brindar a los ciudadanos datos concretos sobre la realidad que se pretende modificar y el sentido técnico de las políticas a ejecutar.
- Planificar políticas en materia de seguridad para el corto, mediano y largo plazo. Muchas veces las necesidades políticas de los gobernantes lleva al diseño de medidas cortoplacisitas las cuales suelen ser vistas como improvisadas por parte de la comunidad. Este sesgo permanente de “improvisación” que tienen las políticas públicas en materia de seguridad contribuye a generar un gran desprestigio de las instancias gubernamentales e incrementa la sensación de inseguridad de la población al sentir que no se hace nada en la materia y que la inseguridad tiene vía libre por un largo tiempo.
- Mejorar el equipamiento y la capacitación de las fuerzas policiales, servicios penitenciarios y poder judicial, tendiendo a una mayor profesionalización en cada una de las áreas.
- Implementar mecanismos tendientes a lograr una mayor eficiencia de las instituciones públicas encargadas de la seguridad, como así también mecanismos de control que transparenten el accionar de las mismas.
- Descentralizar las tareas operativas de prevención de las policías con el objeto de alcanzar una mayor proximidad con las problemáticas que se pretenden abordar.
En materia de participación comunitaria podemos observar algunos resultados exitosos, sin embargo, el proceso de ejecución y sostenimiento de dichas estrategias conlleva un sin número de dificultades que hacen que las mismas sean fragmentarias y esporádicas.
Por tal motivo, considero que el mayor desafío que aún nos toca afrontar es generar las condiciones necesarias y apropiadas para el desarrollo de las estrategias de prevención con participación ciudadana y hacer que las mismas sean viables y sostenidas en el tiempo.
En este sentido, debemos seguir profundizando las siguientes líneas de trabajo:
- Acotar los ámbitos de intervención: esto implica focalizar la problemática en el territorio más próximo a los vecinos para lograr un mayor sentido de pertenencia y valorizar su capacidad de intervención. Los ámbitos territoriales grandes atentan contra el compromiso ciudadano al no presentar resultados visibles.
- Reconstituir los lazos comunitarios: ninguna política que pretenda tener éxito a partir de la participación ciudadana puede desarrollarse sobre un tejido social debilitado, por tal motivo se debe fomentar el capital social de las comunidades y principalmente se debe trabajar para elevar la autoestima colectiva haciendo que los habitantes de un territorio se sientan capaces de transformar el lugar en el que viven.
- Dotar a la comunidad de herramientas de gestión comunitaria: la formación tanto de líderes como de operadores comunitarios redundará no sólo en un mejor aprovechamiento de los recursos existentes, sino que permitirá elevar los niveles de confianza en sí mismos de los habitantes de un lugar.
- Profundizar la labor conjunta del Estado y la Comunidad: en esta relación no debe primar un actor sobre el otro, sino que ambos deben encontrar una forma de cooperación de la cual queden excluidas las actitudes paternalistas o clientelares por parte del Estado y las actitudes de apatía y desinterés por parte de la comunidad.
- Profundizar los diagnósticos de cara a la acción: muchas veces se logra involucrar a los ciudadanos en el diseño de diagnósticos descriptivos y no propositivos, con lo cual, los valiosos aportes de un diagnóstico participativo pueden desdibujarse si los mismos no tienen una clara orientación a la resolución de problemas puntuales y concretos.
- Participación de la policía y de los gobiernos locales: sin la participación de estos dos actores las políticas de seguridad ciudadana ven reducida su efectividad. Independientemente de la imagen que los ciudadanos puedan tener de ambas instituciones se debe fomentar el diálogo y la actividad conjunta. Por un lado, las estrategias de prevención social, pero sobre todo las situacionales requieren de intervención del gobierno local. Por otro, la institución policial es una parte constitutiva e importantísima del sistema de seguridad y la comunidad sigue demandando su presencia e intervención, aún cuando comprendan que ellos como vecinos también pueden intervenir en la producción de seguridad.
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