DE INSEGURIDADES Y TEMOR: UNA DISCUSIÓN CONCEPTUAL.
Por Jorge Manuel Rojas Bravo
Sociólogo y Tesista del Magíster de Investigación Social y Desarrollo
Universidad de Concepción

El tema que se expone a continuación tiene que ver con un problema que ha estado presente de forma protagónica en la agenda pública, desde la década de los noventa en adelante. Su protagonismo ha ido fluctuando, pero siempre se ha situado como uno de los cuatro problemas de mayor interés público (Ministerio del Interior; 2003, Jaramillo; 2002).

El tema al que nos referimos está relacionado con la seguridad ciudadana, la cual se ha tematizado de una forma particular, hoy en día en Chile, vinculada sobre todo al ámbito delictual. Es más, el tema de la seguridad no sólo está vinculado a un ámbito delictual, sino que también a ciertos tipos de delitos, los que se han sido categorizado como los de mayor connotación social (robo o hurto vehículo; robo o hurto deobjeto desde elvehículo;robo fuerza a la vivienda, robo por sorpresa; delitoseconómicos y corrupción, robo con violencia o intimidación; lesiones; abuso sexual, violación y violencia intrafamiliar). Son delitos que por su impacto, su cotidianidad, la “consternación” que causan, han sido incluidos bajo la mirada de la prioridad y la vigilancia.

Y esta clasificación de la seguridad ciudadana ha acarreado que el tema delictual se centre en una parte de la población, donde se dan más estos tipos de delitos, cierto tipo de convivencia social (desorden urbano), ciertas condiciones estructurales (pobreza, baja escolaridad, ambientes precarios), y cierto tipo de personas (clase baja, jóvenes urbanos, etc.).

Por otro lado, el debate que se realiza con respecto a este tipo de delito, es preferentemente por medio de la institucionalidad y de los medios de comunicación, acarreando dos tipos de consecuencias que es preciso observar; en primer lugar, las medidas se han centrado principalmente en el control policial y criminal, llevando el tema de la seguridad ciudadana hacia un “otro” que es responsable. Tanto es así, que los tres principales “responsables” de la seguridad, según los propios ciudadanos son; Carabineros, el Gobierno y los tribunales de Justicia. Entre ellos tres componen el 80% de la “responsabilidad” (Ministerio del Interior; 2003).

En este sentido las respuestas que se han dado al tema delictual, han respondido de forma homogénea, cayendo en un circulo vicioso de más delito, más justicia penal, búsqueda de penas más drásticas, y también más prevención directa (defensa personal armada, custodias), sin lograr reducir la actividad criminal, ni salir de este ciclo (Carranza, 2003, p.56-57).

Una separación necesaria

Lo primero que hay que especificar en el tema que me convoca, es que en Chile la discusión se ha establecido en términos de Inseguridad Ciudadana, siendo medida como miedo al delito, es decir, se ha hecho la equivalencia entre miedo al delito e inseguridad ciudadana.

Ambos aspectos presentan una confusión conceptual y una pobre medición. La primera pregunta a responder sería ¿Cómo se ha medido miedo al delito? ¿Cuál es la naturaleza de este fenómeno?, ¿Qué es la seguridad? ¿Es lo mismo la inseguridad ciudadana con el miedo al delito? Y más aún ¿producto del miedo al delito podemos establecer de inmediato que estamos ante un fenómeno de inseguridad ciudadana?

Centrándonos en la primera pregunta, podemos mencionar, que ésta es una discusión internacional, donde hay una basta literatura en torno a la conceptualización y sobre todo su medición, no siendo el caso para nuestra realidad, en la cual se han operacionalizado ciertas formas de medir el concepto de temor, no sabiendo a ciencia cierta que es lo que efectivamente se está midiendo.

En el caso de la segunda pregunta, podemos decir que es una pregunta que necesariamente implican otras preguntas como por ejemplo; ¿el miedo al delito es un hecho social que se presenta de forma externa a los individuos y que gatilla determinados tipos de comportamientos? o ¿el miedo al delito es una construcción desde las interacciones y conversaciones de las personas? O ¿el miedo al delito es producto de ciertos tipos de personalidades que “gatillan” estados psicológicos de temor? La respuesta a éstas preguntas no significa tomar posición por una y descartar las otras, sino más bien considerar el miedo al delito como un fenómeno que es externo, pero que se recrea a través de las interacciones y conversaciones cotidianas en determinados espacios sociales, influidos - tanto positiva como negativamente- por estados psicológicos de carácter permanente o transitorios. Es así, como la discusión en torno al sentido que se otorga a dicho fenómeno, no es exclusivo del sujeto –de la psicología de los sujetos- sino que también es producto de una construcción externa que se hace de él. Esa construcción externa se entiende desde lo intersubjetivo, es decir, desde las relaciones que el sujeto establece o deja de establecer con otros sujetos, hasta la construcción mediática que se hace del tema del miedo por parte de los medios de comunicación.

Siguiendo con esta lógica ¿Qué es inseguridad o mas específicamente que es la seguridad? El concepto seguro, según la Real Academia Española, es un sitio libre de todo peligro; libre de daño o riesgo, es certeza (Sopena, 1973). Y por oposición, inseguro es un sitio con peligro, donde existe el daño y el riesgo y por ende no hay certezas. Si observamos ambos conceptos y lo aplicamos a nuestra temática, tenemos dos polos opuestos dentro de un continium, donde cada concepto funciona como tipos ideales, que no se encuentran en la realidad, es decir, no tenemos sitios o entornos libre de todo peligro, donde estemos libres de daños o riesgos, ni tampoco entornos de absoluta inseguridad, ni estados absolutos de inseguridad, de ser así, estaríamos hablando de estados patológicos, que no podemos aplicar a la sociedad en su conjunto (ésta siempre presenta estados regulares de normalidad), sólo a individuos (alguna patología psiquiátrica).

Por lo tanto, tenemos que buscar un concepto de seguridad que nos permita remitirnos hacia una realidad observable, es decir, ¿como hacemos para que el concepto de seguro e inseguro sea aplicable a una “realidad” empírica? La respuesta, es que el concepto de seguridad, sea uno que no me prive de las circunstancias adversas, sino un concepto que a pesar de los “imprevistos”, (victimización de cualquier índole que sufre o pueden sufrir las personas), las personas puedan contar con redes o mecanismos de apoyo y seguridad, que me permitan recobrar y/o controlar la normalidad de la situación alterada (PNUD, 1998). No es una seguridad con ausencia de peligro, sino de una que me permita cursos de acción para recobrar órdenes perdidos. Y a la inversa, la inseguridad es precisamente no contar con estos mecanismos de establecimiento o restablecimiento del orden o la normalidad. Es tener, en definitiva, un estado de indefensión frente al entorno.

Como vemos, este concepto de seguridad es un concepto relacional, que da cuenta de las dinámicas sociales en las cuales el sujeto está inserto. En este sentido los conceptos de seguridad e inseguridad son conceptos sociales, que son compartidos transubjetivamente, es decir, operan como representaciones sociales, que provienen desde una matriz social; el de las relaciones sociales que el sujeto ocupa o deja de ocupar.

Por lo tanto, una vez determinado el concepto de seguridad e inseguridad cabe aún la siguiente pregunta ¿Qué tiene que ver la seguridad con el miedo al delito? Esta pregunta no es de Perogrullo, sino que la especificación de ésta puede ayudarnos a esclarecer cuando nos encontramos ante reacciones normales o que se esperarían y cuando estamos ante un fenómeno de anormalidad, es decir, efectivamente inseguridad ciudadana en torno al delito. En este sentido, existe una asociación demasiado directa, la cual nos lleva hacia una reducción de tipo conceptual, de dos fenómenos que se mezclan como similares, los cuales son el miedo y la inseguridad, es decir ¿cómo entendemos la relación entre el miedo y la inseguridad? Pareciera ser o el sentido común nos dice que una persona que tiene miedo es una persona insegura, sin embargo, al conceptualizarlo de esta forma estaríamos quitando un mecanismo natural del ser humano como mecanismo de defensa, que es precisamente el miedo. Cuando una persona está en un estado de miedo, se pone más alerta, más precavido ante las señales que el entorno le entrega, en este sentido se comienza a asegurar de ciertas circunstancias reales o imaginarias. Por lo tanto, el miedo es un mecanismo que cumple una función, que es la defensa, en este sentido es funcional.

Pero, ¿Cuándo el miedo al delito se transforma en una cuestión problemática para la vida social y psicológica de las sociedades y personas? Primero, cuando se logra comprobar su incidencia negativa en otros fenómenos sociales, tales como la confianza y la asociatividad, y en la psicología de los sujetos, excesiva intranquilidad, poco control y privaciones, es decir, cuando es disfuncional. Llega un momento en que estos mecanismos de defensa comienzan a ser dañino para el ser humano y la colectividad, se comienza con los efectos adversos, de intranquilidad, desconfianza generalizada, estados psicológicos perturbados, lo cual redunda en un mayor aislamiento, comenzando con un espiral negativo para la sociabilidad, asociatividad y para las relaciones sociales dentro de un determinado grupo social.

Por lo tanto, tenemos que encontrar un cierto umbral que nos permita discriminar la presencia de un miedo funcional (seguridad) y uno disfuncional (inseguridad). Pero no podemos hacerlo si no logramos diferenciar el concepto de miedo e inseguridad, cosa que no han establecido las encuesta de victimización e “inseguridad ciudadana” del Ministerio del Interior.

Ver más opiniones | Volver arriba